viernes, 19 de abril de 2013

Traslados significativos: Entrevista con el escritor Rey Andújar


En el otoño del 2011 recibí por correo una copia autografiada de Saturnario de Rey Andújar. La leí dentro de un tren. Leerlo en el sub-suelo me funcionaba. El sucio subway de Nueva York le iba bien a las historias nocturnas y sombrías de Rey. En Saturnario esta registrado Manhattan, Río Piedras, Santurce y ese Viejo San Juan profundo que llegué a conocer tan bien. Lo familiar, las referencias y las atmósferas eran un estímulo para devorar el libro. Me sentía cercano. Era una cápsula del tiempo.

Rey y yo éramos vecinos del casco San Juanero mientras él escribía Saturnario. Nos cruzábamos en las calles, hablábamos de proyectos, hicimos una obra juntos. Ambos nos fuimos de Puerto Rico para la misma época. Él para Chicago, yo para NY. El libro es un enlace con lo dejado.

La primera edición de Saturnario (Editora Nacional, Ministerio de Cultura Dominicana) se agotó rápidamente. Ahora en 2013 se vuelve a publicar por la excelente casa editora Siete Vientos, los responsables de la joya Llegaron los hippies de Manuel Abreu Adorno. Con la alegría que esta re-edición supone, comparto esta conversación con Rey.

¿Cómo se gestó Saturnario?


En el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago conocí los trabajos de William Kentridge, esta pieza en específico llamó mucho mi atención. Tanto que mientras volvía a la casa ya iba pensando en “La redención de la Señora Kentridge”, que es para mí uno de los mejores cuentos de la colección. Para cuando regresé a Puerto Rico en el otoño, ya tenía una buena cantidad de maquetas. Durante ese tiempo trabajaba el turno de la amanecida en el Hotel Da House y a veces de bartender en el Nuyorican. Durante esas noches escribía frenéticamente los cuentos y escuchaba discos de jazz… siempre lo mismo, Coltrane, Horace Silver, Monk y Miles. También escuchaba mucho Frank Zappa, Captain Beefhart, Tom Waits y como siempre, merengues de Fernando Villalona. Es fácil encontrar estas referencias, entre otras muchas, en mi escritura.
Escribí casi un año sin parar. Terminé con treinta y tres cuentos y algo. Redondeando salió este Saturnario. Lo envié a un concurso y ganó un premio y así salió una primera edición que por motivos extraliterarios se agotó rápidamente.

Algunas colecciones de cuentos funcionan como antologías de textos cortos de un autor. Reúnen una obra dispersa. Me parece que Saturnario no cae dentro de este renglón ya que los cuentos mantienen enlaces inesperados, desde temas, ambientes a espacios geográficos. Pensando en esto, ¿qué lógicas internas pone en juego el libro?

Aunque quien escribe siempre está evolucionando, yo puedo decir que estoy todavía en una etapa formativa. Estoy aprendiendo a escribir siempre. En mí este proceso tiene mucho de laboratorio, de desaprender, de experimentación. Anterior a Saturnario, decidí trabajar un tiempo a fondo en el teatro y el performance y retomar algunas cosas básicas. Decidí escribir sin tener un norte, algo como escritura automática, mientras colaboraba con compañías y grupos varios (Sociedad Anónima, con El Kibutz… con gente de Y no había luz…) Escribir sin presión es el mejor break que un escritor puede darse, y estar rodeado de gente tan intensa, con intereses tan diversos, me abrió puertas y ventanas. Este ejercicio me dio la mano suelta y la contención que utilicé en Saturnario. Las conexiones y contradicciones en el libro se dan por inercia, porque quien escribe está escuchando la historia, los personajes. Debo mucho a Pepe Liboy y a Font Acevedo, ya que los he leído con cuidado y sé lo bien que manejan el asunto de colocar a los personajes en situaciones insólitas a través de varios cuentos en la misma colección. Escribí muchos cuentos para conseguir esta antología. Algunos de ellos no son de mi agrado pero los dejé porque a mi entender conversaban mucho mejor con el universo, con el microcosmos del libro como un todo. Quizás entre los desechados alguien encuentre que hay mejores que los elegidos. Lo anterior prueba que el escritor además de escribir bien, se ve frente a la “chavienda esta de elegir”, como dice uno de los cuentos.

Algunos de los cuentos de Saturnario narran un tipo de experiencia puertorriqueña muy actual, en específico de la vida sanjuanera. ¿Hasta qué punto y de qué manera estos cuentos funcionaron como catalizadores de tu propia experiencia viviendo en esta ciudad?

Saturnario es mi libro más boricua, aunque la idea como tal haya surgido en Chicago, durante un viaje que hice a finales del verano del 2009. En secreto, incluso para mí, se gestaba un plan para mudarme a esa ciudad en un plazo relativamente corto. Estos cuentos son en cierta forma un farewell a mi tiempo boricua, específicamente sanjuanero, que ha marcado bastante mi trabajo y que pervive en mí.
Salí de Santo Domingo con mucho interés y una base rudimentaria de lo que era el teatro y la escritura. En Nueva York conocí a Urayoán Noel, con quien compartí en varias lecturas. En uno de esos ágapes conocí a Awilda Sterling y aquello fue una experiencia para mí. Urayoán me sugirió que podía escribir cuentos y un año después escribía “El factor carne”. Cambiaron muchas cosas. Viajé unos años más hasta que por accidente terminé en Puerto Rico, en donde se me acogió buenamente. Es en Puerto Rico en donde recibo mi educación. Tuve la oportunidad de colaborar con grandes artistas como Nelson Rivera y Carmen Zeta y estudiar con buenos maestros: Lilliana Ramos Collado, Juan Gelpí, Luis Felipe Díaz, Iván Silén… En Dominicana no hubiese podido hacerlo, por miles de motivos. En el mismo tono confieso que es en Puerto Rico en donde yo comienzo a estudiar con cuidado la literatura dominicana, a raíz de unas clases que tomé con Miguel Ángel Fornerín. Vivir en Puerto Rico me hizo más dominicano.
El hecho de escribir tan lejos y tan cerca, me permite no cuidarme de los acentos, de jugar con ellos. Ves que digo acento y no estereotipos. Hay literaturas como las de Wilfredo Matos Cintrón y ahora Luis Negrón que añaden un acento de fuera, de las otras islas, que le viene bien al discurso antillano que al parecer hemos retomado. Digo retomado porque Puerto Rico ha sido la casa de gente como Fornerín, Néstor Rodríguez y Rita Indiana, por mencionar algunos. Saturnario es muchas cosas. Es también una forma de reconocer las influencias, de reconocer que Puerto Rico y la República están conectadas, fuertemente, en muchos niveles.
El libro es también un homenaje: alterados claro está, aparecen en este libro personajes de nombre Eduardo Alegría, por ejemplo; también se habla de Mar y Macha Colón en versión discoteca, hay un cuento basado en un video de Quintín Rivera Toro.

El sentimiento de desplazamiento es frecuente en los personajes de los cuentos. ¿Podrías abundar sobre este tema?

El concepto del viaje es preciado para mí. Desde temprana edad tuve consciencia del traslado y mi primer viaje en avión me trajo a Puerto Rico a los seis años. Estas visitas se repetirían de forma itinerante. Otras islas en las que viví o visité: Curazao, Aruba, Bonaire. Entendí temprano que el caribeño viaja poco por placer y nuestros traslados son significativos. Durante los ochenta y a finales de los noventa, cualquier mujer que dijera que iba para Curazao era fichada como prostituta. Irse para los Estados Unidos significa largas esperas, producción de documentos imposibles, un montón de suerte y luego, si se llega, pues entonces esa posición compromete a la remesa. Dice Borges que no hay cosa más terrible que deber un favor.
Mis personajes viajan porque me interesan diferentes perspectivas. Viajan físicamente, pero también trabajé en estos cuentos la posibilidad de cambiar, de transformar un personaje en una línea narrativa. Ese cambio es también un viaje.

La edición de Siete Eventos es un flip book bilingüe. ¿Qué aspectos de la traducción al inglés te han llamado la atención en este proceso? ¿Qué luces ha echado sobre los textos? ¿Qué sombras?

Lo que más me ha sorprendido del proceso con Kolin es la honestidad. Yo primero leí sus cuentos, y el hecho de que vivió en Dominicana por un tiempo y que está casado con una chica de allá pues completó el asunto. Los códigos bregaron mejor en ese sentido. Supo transmitir además la atmósfera sombría del texto. Como escritor no me interesaba una traducción word by word del trabajo, como artista me interesaba que el tipo pudiese hacer el libro suyo. Tengo mucho respeto por el arte de la traducción. Uno de los primeros libros que leí hasta la afectación fue Memorias de Adriano, traducción de Cortázar. Me gusta decir que este fue el primer libro de Cortázar que leí.
Kolin supo transportar un sentido de desasosiego y desapego caribeño interesante. El libro en inglés es mucho más claro y más directo, más ágil diría yo, que la versión en español, que es más música y acentos. En cuanto a la edición como tal: mira Rojo, yo he cometido todos los errores que un escritor pueda cometer, en cuanto a publicación te digo. Por favor que no se asocie el error como falta, ya que yo aprecio todos los libros que he publicado, porque esos libros son en verdad uno, y cada uno va diciendo cosas de los anteriores o del que se gesta próximo. No termino un libro y empiezo en otro y tal, sino que mi proceso es muy abierto. Yo vivo bastante tiempo en mi jungla, en mi granja salvaje, y siempre estoy a la caza. Un libro para mí es el resultado de muchas coincidencias y va más allá del asunto terminado. ¿Cómo me siento con la edición de Sietevientos? Me siento más cerca del libro que siempre he querido publicar.

¿Cómo describirías tu nuevo proceso creativo en Chicago? ¿La ciudad ha alterado tus métodos o descubrimientos con la escritura y el performance?

Dejé Puerto Rico con algo de nervio porque era la segunda vez que intentaba hacer vida en Estados Unidos. Pero las condiciones eran diferentes. La educación recibida en la isla me ayudó a conseguir la estructura que necesitaba para instalarme en Chicago y escribir mi tesis. Mientras conseguía trabajo como profesor, trabajé por dos años en el sótano de un hotel, en el departamento de telecomunicaciones. Era un trabajo de más de cuarenta horas a la semana. Nunca sentí pánico ni temí por la escritura. Al contrario. Le puse tanto empeño a la tesis como al trabajo en el hotel. Me dije que si los guatemaltecos, salvadoreños, mexicanos y etcétera con los que compartía la ciudad, trabajaban tres y cuatro trabajos al tiempo, yo tenía que ponerme el cuchillo en la boca también. Puede decirse que las precariedades de las islas y el golpe del frío y la realidad me bañaron con un sentido de circunstancia desconocido. Este ejercicio continúa y se está convirtiendo un gran recurso para mi trabajo creativo. He retomado el estudio de la dramaturgia del cuerpo y puede decirse que las lecturas para la tesis y las cosas que aprendí a nivel corporal, me dieron más fuerza y libertad creativa.
Si Puerto Rico fue mi escuela, Chicago se ha convertido en mi taller. Trabajo constantemente en proyectos de teatro y performance y colaboro con revistas literarias. A raíz del trabajo con Antípoda, se me ha comisionado otro monólogo para el Teatro Aguijón, que estrenará en el 2014. En cuanto a la ficción, pues he seguido trabajando cuentos. Es el género al que le estoy dedicando más cariño por el momento. La escritura de cuentos es tanto reto como placer y le sienta muy bien a mi condición: que viva el movimiento.

Nota: Esta entrevista se publicó originalmente en 80grados.net

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