miércoles, 4 de abril de 2012

Ulgunas facetas del cine en New York

Como cinéfilo vivir en Nueva York es un regocijo constante: abundan las retrospectivas, los festivales y los conversatorios en directo con actores y cineastas. El conflicto con la ciudad no ocurre a nivel de los ofrecimientos cinematográficos, sino con el alto costo para participar de éstos. El precio de la taquilla en estos días fluctúa entre los $13 y $20 dólares. En gran medida la experiencia de visitar las salas de cine se ha vuelto un lujo casi impagable para las clases baja y media.

Pensando en esto propongo traer a cuenta un movimiento cinematográfico de la ciudad que articulaba su trabajo a partir de una idea de inmediatez y accesibilidad en el arte. Propuestas de este tipo pueden informar nuestro presente.


A finales de los 70’s y principios de los 80’s New York era una urbe muy diferente. La ciudad estaba en bancarrota, el downtown parecía una zona de guerra y Brooklyn, Harlem y el Bronx eran considerados guettos. A pesar de lo deprimente de esas circunstancias, la ciudad fue el espacio que germinó uno de los movimientos más radicales de las últimas décadas: el No Wave Cinema.

El no wave comenzó como un homenaje a la nueva ola francesa en cuanto frescura, improvisación y políticas de autor. Este movimiento sin budget estableció un modelo de filmación de guerrilla revolucionando los estándares de producción. Generó una iconografía del artista inconforme mezcla de poeta y criminal callejero. Impuso además una tendencia de distribución en barras, cinematecas y salas de concierto. El cine formaba parte integral de la vida cotidiana, artística y teórica del downtown. Era un medio accesible en todos los niveles.

El No Wave fue una manera de enfrentarse creativamente con la realidad decadente y hacerse un nicho en el ambiente cultural de la época. Para los artistas del No Wave el atrevimiento, la originalidad y la autogestión era lo más importante. Como contracultura, rechazaron las normas establecidas por los mercados, la academia y la cultura “mainstream”. Dominaba la necesidad de expresión y exposición por encima de la maestría de un medio en específico.



Los tiempos han cambiado y hay que decir que ese Manhattan que retratan películas como Unmade Beds de Amos Poe o Permanent Vacation de Jim Jarmush ya no existe. Sin embargo, el mismo sentimiento de asfixia cultural y económica ha regresado. Sugiero un brinco a la película Shame (2011) para pensar en el estado de la cuestión.

Shame
, dirigida por Steve McQueen, retrata la intimidad de un ejecutivo con una adicción sexual. Shame examina al deseo dentro del seno íntimo de un personaje pero también desde la óptica de la ciudad de Nueva York.


El personaje Brandon Sullivan habita una ciudad carente de enlaces emocionales profundos. Las relaciones sexuales se establecen como transacciones comerciales. El ejecutivo en su vida privada continua con las mismas prácticas que ejerce en su trabajo. El deseo esta lacerado. El New York del director McQueen es el del flujo capital. La masa corporativa establece contactos mercantiles y asociaciones efímeras. Es una ciudad de bienes privados y soledad. Shame hace una lectura del sexo en tanto acumulación carente de sentido y es desde ese punto de vista, el de desentrañar ese vacío, que funciona como metáfora de las prácticas corporativas.

No es secreto que las estructuras neo-liberales son la que imperan en el presente y entre innumerables efectos son ellas las que controlan la manera en que se filma, se distribuye y se tiene acceso al cine en la ciudad. Las corporaciones no tienen el propósito de llenar las necesidades culturales o humanistas de la población, sino enriquecerse.

Al presente los espacios cinéfilos independientes se han movido en mayor medida del downtown a los condados periféricos de la ciudad, sobretodo a Brooklyn. Con más frecuencia surgen colectivos que proyectan, discuten y promueven la creación de cine independiente. Se utilizan techos, parques, centros comunitarios, barras y apartamentos particulares para re-apropiarse de la actividad cinematográfica. Algunos grupos están relacionados con los recientes movimientos de ocupación, otros con organizaciones sin fines de lucro o con agendas como las que movieron al no wave cinema. El reclamo en todos los casos es por la necesidad de espacios colectivos de diálogo, arte, política comunitaria y educación.

Me parece que pensar en el no wave, en los movimientos socio-culturales actuales o en el Manhattan retratado en Shame nos permite constatar la ciudad como un lugar donde la lucha socio-económica impera. El cine ha sido, es y debe ser parte de estas luchas como muy bien lo ha visto un cineasta como Spike Lee o el mencionado MCQueen.

Aunque parecería que NYC se ha vuelto un conglomerado corporativo y bancario, la memoria socio-cultural de la urbe también cuenta con referentes de resistencia y autenticidad creativa que engranan muy bien con las propuestas de cambio actuales. Rescatar estas visiones nos puede inspirar las acciones del presente.
Podemos hablar, recordar e interactuar con muchos New York que conviven, se entremezclan o chocan. La posibilidad de esta conversación es re-pensarnos como sujetos en la ciudad, como latinos, cinéfilos y artistas. De ahí toca decidir y asumir nuestro envolvimiento y patrocinios.