domingo, 10 de octubre de 2010

Lennono Urbe

Cada ciudad tiene sus narrativas favoritas que perseveran en el tiempo; cuentos que los habitantes gustan de relatar a los demás sin temor y que forman parte de una ideosincracia colectiva. Uno de los top de NYC es el de John Lennon. Luego de treinta años Nueva York sigue usando el cuento de Lennon como si de un amuleto de la vitalidad se tratará.
De que se trata el cuento archi-conocido (al menos para los pacifistas y los fan de los Beatles y del Rock and Roll que son millares) pues que Nueva York fue la ciudad que le permitió a Lennon ser un hombrecito cualquiera por las calles; permitió que gozara de la compañía de Yoko sin los ataques de la prensa; permitió que se hiciera de una banda de músicos fumetas; que gritará por las calles con las masas enardecidas; hiciera entrevistas en la radio, conciertos sorpresas, amigos activistas radicales etc. etc. La ciudad lo acogió y lo hizo uno con los otros, le quito el estigma de Beatle que tanto deseaba y que en Londres no lo dejaría en paz. New York para Lennon es la ciudad ideal, de los disos sucios y la vida gentil de las calles, hasta que el gobierno de Nixon se ensaña contra él y lo hacen pasar un suplicio de cuatro años con todo el asunto de la visa y la persecusión política y la paranoia.
De todo esto Lennon sale loco, pierde a Yoko (por un ratito) y termina borracho por meses y meses en L.A. (esta ciudad jamás se podrá apropiar de nada de Lennon salvo de sus jangueos salvajes) con sus amigos rockeros, tremendo corillo por cierto, mítico como pocos...
Luego viene la redención: Yoko lo recoje, obtiene la green card, tienen a Sean, se retira al hogar y a la paternidad y en el 80 proyecta uno de los mejores comebacks que la historia del Pop puede contar. Pum disparos. Toda nuestra tristeza.
NYC es buena con Lennon y a cambio obtienen una figura mítica a la cual consideran un New yorker ejemplar.
Lennon se ha vuelto un tipo de landmark invisible como las torres gemelas. Un fantasmita contento que polula por el Central Park. Un soundtrack para tocar por las calles del West Manhattan. Un heroe que trae dinero año trás año a las arcas de muchos mercados y que ejemplifica una libertad de vida que esta ciudad siempre intenta promover y que los de mirada astatuta deben cuestionar. (Un Lou Reed amargo debatió todo el asunto y la ceremoniosidad de los actos oficiales con su aptitud incoherente y su discurso vacuo; el podría ser una figura del mismo calibre pero nadie lo mato)
Ayer celebré el cumple de Lennon con los New Yorkers en Central Park. Me deje llevar y me enternecí y cante junto a todos y solté lágrimas por la pérdida y recordé que llevo escuchando a Lennon por cerca de veinte años y que lo voy a seguir escuchando porque me tragué la deliciosa música y sobre todo (lo digo con reticencia) el cuento Newyorquino. Algo de ese cuento probablemente me tiene aquí ahora.