domingo, 15 de agosto de 2010

Blades y Harlow sin espacio


Multitudes se arremolinaron alrededor del Lincoln Center a ver y escuchar a las leyendas de la salsa Larry Harlow y Rubén Blades tocar el magno proyecto de Harlow, La raza Latina. Cuando digo ver y escuchar estoy hablando de intención o de desvio ya que ni Harlow o Blades parecian estar allí. El conglomerado humano ocupo, con la esperanza que sólo da un concierto gratuito mítico, cada espacio del parque del Lincoln Center, así como las calles aledañas. Sin pantallas o buen sonido, la reunión latina se acerco al trágico y último Loveparade alemán. No es que hubo muertos, sino que, más que un evento sensorial-musical, la experiencia residió en el contacto hostil con los congéneres de la ciudad, todos locos y neuróticos por atrapar algo que ver, algún integrante del bandón, al tecladista prodigioso, al Blades; o simplemente, y ya como renuncia, algo coherente y limpio que escuchar.

Estar en el concierto, salvo para los listos que llegaron horas y horas antes, fue como acceder a la hora punto del subway, el horrible rush hour, y escuchar en la lejanía un supuesto concierto para las masas más bailadoras, sin poder siquiera distinguir notas o imágenes. Ni hablar de bailar cuando el espacio personal se redujo a -14%. Fue un masacote por que la masa rebosó y los empujones agarradas, insultos y descontentos no escasearon. Todo esto pone en perspectiva la más alegre disposición multitudinaria de la comunidad hispana a ver eventos musicales que le interpelen. En el futuro se necesitará una logística más acorde con la demanda. Espacio abiertos en su más completa acepción.

No hay comentarios: