martes, 31 de agosto de 2010

Hehhh hahhh!

El domingo pasado el señor Spike Lee invitó a todo el mundo en Brooklyn a un picnic en el Prospect Park. El motivo, como el de casi cualquier reunión, fue celebrarnos los unos a los otros, sin embargo, en este caso el pretexto fue el cumpleaños del desaparecido MJ, el rey desastroso del pop. En uno de los valles del parque colocaron sendas bocinas y sendos DJ pinchaban las melodias del cantante de masas. Los imitadores estaban de placeme, corrían por todos lados, se juntaban con los infantes, las mujeres, los hombres, todo el que quisiera bailar, como debió siempre ser. Lo hermoso fue ver en la mayoría de ellos al Michael negro maduro que nunca existió. Dejando todas sus extravagancias y excentricidades en el vestir intactas, de repente el flaco-extraterrestre parecía no haberse hecho ninguna cirugia, ningún arreglo de naríz, ningún cambio de tez... por unas horas Michael era un hombre negro múltiple que bailaba feliz, movía sus hombros y tocaba su bicho en perfecta armonía con el parque y sus visitantes. Los niños hacían las mejores versiones de sus coreografías, el corillo de Lee regalaba carteles con el mama se mama se mamma ma cusa, Spike amenizaba, el sol radiaba, se cantaba a coro decorando los árboles con ondas de sonido e incluso Snoop Doog se puso un guantecito y canto Gin and Juice como un breve regalo. El cineasta distorcionó todo a su antojo y los signos cambiaron. Al menos para Brooklyn MJ es ahora un hombre grande que permite que la comunidad multiracial se descubra junta, reflexione (hubo un discurso recordando a Katrina y los atropellos posteriores), entone y mueva el esqueleto. Desde el cielo imaginado por todos, ese loco con voz de niña prodigiosa miraba extrañado sin entender demasiado.

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