martes, 31 de agosto de 2010

Hehhh hahhh!

El domingo pasado el señor Spike Lee invitó a todo el mundo en Brooklyn a un picnic en el Prospect Park. El motivo, como el de casi cualquier reunión, fue celebrarnos los unos a los otros, sin embargo, en este caso el pretexto fue el cumpleaños del desaparecido MJ, el rey desastroso del pop. En uno de los valles del parque colocaron sendas bocinas y sendos DJ pinchaban las melodias del cantante de masas. Los imitadores estaban de placeme, corrían por todos lados, se juntaban con los infantes, las mujeres, los hombres, todo el que quisiera bailar, como debió siempre ser. Lo hermoso fue ver en la mayoría de ellos al Michael negro maduro que nunca existió. Dejando todas sus extravagancias y excentricidades en el vestir intactas, de repente el flaco-extraterrestre parecía no haberse hecho ninguna cirugia, ningún arreglo de naríz, ningún cambio de tez... por unas horas Michael era un hombre negro múltiple que bailaba feliz, movía sus hombros y tocaba su bicho en perfecta armonía con el parque y sus visitantes. Los niños hacían las mejores versiones de sus coreografías, el corillo de Lee regalaba carteles con el mama se mama se mamma ma cusa, Spike amenizaba, el sol radiaba, se cantaba a coro decorando los árboles con ondas de sonido e incluso Snoop Doog se puso un guantecito y canto Gin and Juice como un breve regalo. El cineasta distorcionó todo a su antojo y los signos cambiaron. Al menos para Brooklyn MJ es ahora un hombre grande que permite que la comunidad multiracial se descubra junta, reflexione (hubo un discurso recordando a Katrina y los atropellos posteriores), entone y mueva el esqueleto. Desde el cielo imaginado por todos, ese loco con voz de niña prodigiosa miraba extrañado sin entender demasiado.

jueves, 26 de agosto de 2010

Coney Island, Martí y el cierre del verano

El segundo párrafo de la crónica que José Martí escribió sobre Coney Island dice lo siguiente:

"Hoy por hoy, es lo cierto que nunca muchedumbre más feliz, más jocunda, más bien equipada, más compacta, más jovial y frenética ha vivido en tal útil labor en pueblo alguno de la tierra, ni ha originado y gozado más fortuna, ni ha cubierto los ríos y los mares de mayor número de empavesados y alegres vapores, ni se ha extendido con más bullicioso orden e ingenua alegría por blandas costas, gigantescos muelles y paseos brillantes y fantásticos".

De toda esta admirada descripción me interesa rescatar como muy vigentes las palabras: muchedumbre/ frenética/ fortuna/ y fantástico. Muchedumbre, por que no importa si están o no están miles de personas ahí, se siente en ese paraje como si la humanidad fuera una fuerza arrolladora que consume todo a su paso; Frenético, por lo poco coherente de sus ofrecimientos; Fortuna, se entiende por sí misma, una playa no es una playa, es un lugar donde poner negocitos y cosas absurdas que generan dinero; Fantástico, por que siempre parece que una dimensión desconocida y oscura se puede manifestar en las geografías, como que en tiempos mejores hubo un hotel gigante en forma de elefante.

Coney Island se enorgullece de mantener su forma e ideocincracias por ya más de un siglo. Es una fómula que se ha probado exitosa a pesar de lo disparatado de la propuesta inicial. Coney sigue siendo "uno de esos lugares de verano, rebosante de gente, sembrado de suntuosos hoteles, cruzado de un ferrocarril aéreo, matizado de jardines, de kioscos, de pequeños teatros, de cervecerías, de circos, de tiendas de campaña, de masas de carruajes, de asambleas pintorescas, de casillas ambulantes, de vendutas, de fuentes".
Visité esta localidad playera en un día flojísimo y nublado. La feria cerró temprano, no había cerveza, los salvavidas se aburrían viendo la inmensidad de la playa vacía, las gaviotas estaban llenas de hot dogs por dentro, los pescadores observaban las aguas y el circo de los Ringling Bros,sonaba lejano con sus últimas tonadas de la temporada. La fiesta ya se había terminado. Septiembre se avecina y el trabajo se encargará de sacarnos del buen disfrute. Coney será el lugar meláncolico, triste, y por fin hermoso del otoño y el invierno .

Estas reflexiones vienen casi por obligación: Coney es la obstinación norteamericana por mantener las formas de hacer dinero. La incapacidad de valorar un espacio natural por sus propias cualidades. La absurdidad y la obtentación de lo burdo y lo grotesco (podemos disfrutar esto desde lo kitsch o desde el absurdo capitalista no existencialista). Lo que inició como una gran aventura moderna se ha quedado como un maquillaje gastado y ruinoso, que insiste en llamarse ocio y apellidarse verano. Al menos, y gracias al clima, el lugar descansa de sí mismo por bastantes meses.

Creo que prefiero el Coney cerrado, con poca gente, con sentimiento de final de fiesta, sin freaks que matar con paintballs, sin música techno, con las machinas quietas, sin basura por todos lados y con el circo a punto de irse. Incluso creo que lo prefiero nublado e indefenso.
Mientras más cansado y ventoso, mejor la mente, al menos la mía (sólo puedo hablar de ella) se situa y comprende detalles que antes se escapaban por lo apabullante de la experiencia. En su inutilidad como aparato se encuentra su grandeza. Coney es una burbuja metafórica de la Selva York y como tal, su pequeño apocalipsis parace más venturoso. Por fin se le concede a la playa ser playa y a los habitantes, un espacio para descansar de todo lo que hay que descansar en esta ciudad. coney es un refugio cuando esta cerrado y ensombrecido.

Martí empieza su crónica de Coney así:

"En los fastos humanos, nada iguala a la prosperidad maravillosa de los Estados Unidos del Norte. Si hay o no en ellos falta de raíces profundas; si son más duraderos en los pueblos los lazos que ata el sacrificio y el dolor común que los que ata el común interés; si esa nación colosal, lleva o no en sus entrañas elementos feroces y tremendos; si la ausencia del espíritu femenil, origen del sentido artístico y complemento del ser nacional, endurece y corrompe el corazón de ese pueblo pasmoso, eso lo dirán los tiempos."

Un siglo despúes esas preguntas, que más bien son temores lúcidos, ya están bastante contestadas, lo sabemos todos, no tengo que insistir en ello, por más que ahora tambien incluyan una película llamada Earth en 4D.

viernes, 20 de agosto de 2010

Devendra Banhart en Terminal 5, New York


Luego de las olvidables canciones de un chamaco drogado vestido de pirata y de apellido Green, subió a tarima Banhart muy acicalado. Su banda de amigos, o eso les gusta parecer ser, lo acompañó por las primeras tres canciones del excelente What will be: disco popero y muy bien articulado que convierte el trabajo antiguo y más radical del muchacho Banhart, en melodías divertidas, psicodélicas, más manejables (de acuerdo al criterio eso puede ser tanto un defecto como una virtud). Luego los coleguitas fueron dejando al engabanado cantante a sus anchas para un set acústico donde se rescataron temas de Niño Rojo o Cripple Crow y en donde éste demostró su facilidad de cautivar audiencias con poca cosa, como el adolescente cantor de fogatas que fue. Excelente histrionismo vocal, ejemplo superior del weird folk (conmovió a par de muchachas de espejuelos y trajecitos). Su camada regresó al final de una de estas piezas para hacer coros y así cabalgar juntos hasta el final de la velada. Retomaron las más bailables de What will be para el disfrute de los más posesos del ritmo. Hubo gozaera sin lugar a dudas. Sin embago, la más impresionantes a nivel sonoro fueron dos canciones anónimas en las que Banhart dejo cualquier protagonismo y se confundió entre su ganga a tocar por el puro disfrute sónico. Inesperado shogaze. Rats cerró potente la noche con el riff á la Led Zeppelin y la energía a tope. De camino a Brooklyn en el subway C los fans estaban contentos y hasta intercambiaron una que otra palabra. Cosa rara de verás.

domingo, 15 de agosto de 2010

Blades y Harlow sin espacio


Multitudes se arremolinaron alrededor del Lincoln Center a ver y escuchar a las leyendas de la salsa Larry Harlow y Rubén Blades tocar el magno proyecto de Harlow, La raza Latina. Cuando digo ver y escuchar estoy hablando de intención o de desvio ya que ni Harlow o Blades parecian estar allí. El conglomerado humano ocupo, con la esperanza que sólo da un concierto gratuito mítico, cada espacio del parque del Lincoln Center, así como las calles aledañas. Sin pantallas o buen sonido, la reunión latina se acerco al trágico y último Loveparade alemán. No es que hubo muertos, sino que, más que un evento sensorial-musical, la experiencia residió en el contacto hostil con los congéneres de la ciudad, todos locos y neuróticos por atrapar algo que ver, algún integrante del bandón, al tecladista prodigioso, al Blades; o simplemente, y ya como renuncia, algo coherente y limpio que escuchar.

Estar en el concierto, salvo para los listos que llegaron horas y horas antes, fue como acceder a la hora punto del subway, el horrible rush hour, y escuchar en la lejanía un supuesto concierto para las masas más bailadoras, sin poder siquiera distinguir notas o imágenes. Ni hablar de bailar cuando el espacio personal se redujo a -14%. Fue un masacote por que la masa rebosó y los empujones agarradas, insultos y descontentos no escasearon. Todo esto pone en perspectiva la más alegre disposición multitudinaria de la comunidad hispana a ver eventos musicales que le interpelen. En el futuro se necesitará una logística más acorde con la demanda. Espacio abiertos en su más completa acepción.