viernes, 4 de septiembre de 2009

La crisis y la carne

En el cuento La carne de Virgilio Piñera la carne, en tanto alimento, se consume como un símbolo de bienestar social. Con suma ironía Piñera trabaja los extremos del despilfarro y la enajenación social. La población que el escritor describe esta dispuesta a lacerar su propio cuerpo para mantener la ilusión de una alimentación de altura burguesa en donde no escasean los filetes y las frituras gourmet. Es en momentos de depresión económica cuando la población se ve obligada a racionar sus porciones alimenticias y como es común, la carne es de los primeros elementos de la dieta que escasea. Sin embargo, esta población en vez de generar soluciones reales e inteligentes a los problemas económicos y alimenticios, se decide a seguir el ejemplo del goloso Sr. Ansaldo. Ellos comienzan a mutilarse, venciendo la lógica del dolor (elemento fantástico), para satisfacer su exagerada gula. Es en esta exageración absurda donde encontramos la crítica mordaz de Piñera. El autor cubano sugiere que la masa (el cuerpo social), siguiendo unos valores distorsionados acerca de la ventura económica, esta dispuesta a devorarse a sí misma con tal de mantener unos preceptos de vida acomodada. Nadie cuestiona nada, nadie analiza nada con tal de mantener la ilusión de un banquete perenne. El riesgo de desaparecer parece un precio que todos están dispuestos a pagar. El pueblo encuentra una supuesta felicidad en el goce alimenticio, sin embargo, con la antropofagia desaparecen facultades humanas como el habla, la escritura o la posibilidad de hacer arte. En este cuento la masa pasa a un estado paradójico de barbarie en donde, por mantener una dieta “civilizada”, se aniquila a sí misma y desaparece. Piñera satiriza de esta forma los valores económicos y espirituales de la sociedad moderna y sus excesos consumeristas. Podemos pensar en nuestra isla, en la pena colectiva que nos consume. Es algo que podemos hacer.